El Rayo verde
El Rayo verde —¿De quién estás hablando? —preguntó la joven, que no habÃa escuchado nada de lo que le decÃa la señora Bess.
—¿De quién quiere usted que sea? De aquel con quien no debe usted pensar… ¡aun cuando sea tan solo en honor de nuestro clan!
—¿En quién crees que no debo pensar?
—Pues en este señor Aristobulus Ursiclos, que harÃa mucho mejor en dirigirse al otro lado del Tweed a buscar lo que le conviene.
La señora Bess no se mordÃa la lengua; pero era preciso que estuviera muy enfadada para llegar a contradecir a sus dueños, aunque fuera en beneficio de su joven ama. Por otra parte, también veÃa que Elena mostraba una completa indiferencia hacia aquel pretendiente. Pero no podÃa imaginarse que aquella indiferencia estaba amparada por un sentimiento mucho más apasionado hacia otra persona.
Sin embargo, quizá la señora Bess sospechó algo cuando la señorita Campbell le preguntó si habÃa vuelto a ver en Oban al joven que el Glengarry habÃa salvado del naufragio.
—No, señorita Campbell —contestó la señora Bess—; debe de haberse marchado en seguida, pero me parece que Partridge sà le vio…
—¿Cuándo?