El Rayo verde
El Rayo verde —Me gusta oÃrle hablar con ese entusiasmo, señor Sinclair —contestó la señorita Campbell—, y yo también comparto su entusiasmo. SÃ, a mà también me gusta el mar tanto como a usted.
—¿Y no temerÃa usted afrontar todos sus peligros? —preguntó Olivier Sinclair.
—No, de verdad, no tendrÃa miedo. ¿Puede tenerse miedo de lo que se admira?
—Usted habrÃa sido una intrépida viajera —dijo Olivier.
—Quizá sÃ, señor Sinclair —contestó la señorita Campbell—. En todo caso, de todos los libros de grandes viajes que he leÃdo, prefiero aquellos que tuvieron por objeto descubrir mares lejanos. ¡Cuántas veces he acompañado (con el pensamiento, claro) a todos estos grandes navegantes, en las profundidades desconocidas! No encuentro nada más envidiable que el destino de estos grandes héroes que han llevado a cabo proezas tan magnÃficas.