El Rayo verde
El Rayo verde —SÃ, señorita Campbell, en la historia de la humanidad nada hay más hermoso que los descubrimientos. Atravesar el Atlántico por primera vez con Cristóbal Colón, el PacÃfico con Magallanes, los mares glaciales con Parry, Franklin, D’Urville y tantos otros, ¡qué espléndidos sueños! Yo no puedo ver zarpar un buque, tanto si es de guerra como mercante e incluso un pesquero, sin que todo mi ser se embarque a su bordo. Creo que nacà para marino, y cada dÃa lamento más no haber escogido esta carrera desde mi infancia.
—Pero ¿ha viajado usted por mar? —preguntó la señorita Campbell.
—Tanto cuanto he podido —contestó Olivier Sinclair—. He recorrido un poco el Mediterráneo, desde Gibraltar hasta los puertos de Levante. Un poco también el Atlántico, hasta América del Norte; luego también los mares septentrionales de Europa, y conozco todos los mares que la naturaleza ha prodigado tanto a Inglaterra como a Escocia.
—¡Todos tan magnÃficos! —exclamó la señorita Campbell.