El Rayo verde
El Rayo verde Varias veces Olivier Sinclair subió hasta lo alto de la meseta de la isla, pero no vio a nadie por ninguna parte.
La tempestad habÃa estallado entonces con una furia impresionante, y el mar levantaba olas enormes que se estrellaban con estruendo por toda la isla.
—¡Ay, desgraciada señorita Campbell! —exclamó de pronto Olivier Sinclair—. ¡Si todavÃa está en la gruta de Fingal, hemos de rescatarla o estará perdida!