El Rayo verde
El Rayo verde dinos de dónde parten tus rayos, divino sol!
¿De dónde viene tu luz eterna?
¡Tú avanzas impasible con tu belleza majestuosa!
¡Las estrellas desaparecen en el firmamento!
¡La luna pálida y frÃa se esconde en las brumas de occidente!
¡Tú solo te mueves, oh sol!
¿Quién podrÃa acompañarte en tu carrera?
¡La luna se pierde en los cielos;
tú solo eres siempre el mismo!
¡Tú te recreas sin cesar en tu esplendente marcha!
¡Cuando retumba el trueno y luce el relámpago,
tú sales de la nube con toda tu hermosura
y te rÃes de la tempestad!
Y con esta disposición de espÃritu, recitando versos, los dos hermanos fueron andando hasta el extremo de la meseta de Staffa, frente al mar. Allà se sentaron sobre unas rocas, frente al horizonte donde nada parecÃa alterar la fina lÃnea que separa al cielo del agua.
¡Y esta vez sà que no habrÃa ningún Aristobulus Ursiclos que se interpusiera entre el horizonte y el islote de Staffa!