El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco Cogidas por ambos lados, algunas de aquellas fieras cayeron. Las otras, espantadas por las llamas, buscaron escape remontando hacia el Este, y lograron salvarse con los monos que las precedían, llenando el espacio con sus alaridos.
Se pudo ver entonces a los dos hombres precipitarse hacia la barrera de fuego, antes que a ella tocase la primera fila de tortugas, que marchaba lenta y pesadamente.
Un instante después, Jacques Helloch y Germán Paterne, pues eran ellos, se encontraban en seguridad junto a Marchal, después de haber ganado la parte de atrás del cerro.

Entonces, un poco antes de aquella cortina de llamas, que ocupaba una extensión de medio kilómetro, la masa de quelonios se inclinó a la izquierda, luego, rodeando el pueblo, descendió al río y desapareció bajo las aguas del Orinoco.