El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco TRES PIRAGUAS NAVEGANDO UNIDAS
Por consecuencia de aquella extraordinaria invasión, que había amenazado con la destrucción completa del pueblo de Urbana, la partida de las falcas se retrasó veinticuatro horas. Si la intención de los dos franceses era continuar la exploración del Orinoco hasta San Fernando de Atabapo, ¿no era lo mejor remontar con ellos el curso del río? Y en este caso, para descansar de sus fatigas y hacer sus preparativos, ¿era mucho dejar la partida para el siguiente día?
Seguramente no, y así lo juzgaron Miguel, Felipe y Varinas. Y, en verdad, hubiera sido sorprendente que el sargento Marcial y su sobrino no participasen de esta opinión.
Además, Jacques Helloch y Germán Paterne tenían su piragua, y no constituirían carga ni molestia: y, pensara lo que pensara el viejo soldado, unidas las tres embarcaciones el viaje se efectuaría con más comodidad.
—Y además, no hay que olvidar que son compatriotas nuestros —le dijo Juan de Kermor.
—Algo jóvenes —murmuró el sargento Marcial, sacudiendo la cabeza.
Sin embargo, tenía interés en conocer su historia, y cuando ellos supieron que el sargento Marcial y el joven eran franceses, y hasta bretones, se apresuraron a referirla.
