El soberbio Orinoco

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—No ha hecho más que cumplir con su deber —respondió Germán Paterne—, y aunque usted no fuera compatriota nuestro…

—Está bien… Está bien… —gruñó el sargento—. Y cuando veamos al señor Helloch…

No se le vio, por la mañana al menos. ¿Tenía la intención de mantenerse aparte? ¿Le repugnaba parecer que buscaba el agradecimiento que su conducta merecía? Lo cierto es que permaneció a bordo de la Moriche muy pensativo, muy taciturno, y que, después de darle noticias del joven, Germán Paterne no pudo obtener de él cuatro palabras.

Sin embargo, Jacques Helloch y Juan se vieron de nuevo por la tarde. El primero algo confuso —el sargento Marcial se mordió el bigote al observarlo—, tomó la mano que el otro le tendía, pero sin oprimirla con fuerza como de costumbre.

Este encuentro se verificó en casa de Mirabal. Jacques Helloch se encontraba allí con la carta de recomendación que tenía para el excelente anciano. En cuanto al sargento Marcial y a Juan, habían tenido la idea de dirigirse a él para obtener noticias referentes al coronel De Kermor.


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