El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco —Yo no habitaba en casa de mi padre en aquella época —respondió Juan, no sin mostrar alguna vacilación—. Mi madre y yo estábamos en las Colonias, y cuando regresábamos a Francia ella pereció en un naufragio… Yo pude salvarme… Y cuando, algunos años después, estuve de regreso en Bretaña, mi padre habÃa abandonado Nantes…, y no sabemos lo que ha sido de él…
HabÃa evidentemente en la vida de aquel joven un misterio que Jacques Helloch habÃa ya presentido; pero como no tenÃa derecho para penetrarlo, se mantenÃa en extrema reserva. Lo que no podÃa ponerse en duda, era que el coronel De Kermor habÃa ya abandonado el paÃs cuando su hijo llegó a él, y que el sargento Marcial, fuese o no de la familia, ignoraba en absoluto dónde habÃa ido aquél.
—Y, no obstante —dijo Mirabal—, tiene usted razones serias para creer que su padre vino a San Fernando…
—Razones, no solamente serias, sino formales…
—¿Cuáles?
—Una carta escrita por mi padre, firmada por él y fechada en San Fernando, fue recibida por uno de sus amigos en el año 1879.
—Eso es formal, en efecto, a menos que… Existe otro pueblo de ese nombre en Venezuela, al este del Orinoco, San Fernando de Apure.