El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco —La carta procedÃa de San Fernando de Atabapo, y llevaba el matasellos con la fecha 12 de abril de 1879.
—Y, ¿por qué, hijo mÃo, no puso usted en seguida su proyecto en ejecución?
—Porque mi tÃo… y yo… no hemos tenido conocimiento de esta carta hasta hace tres meses. El amigo, al que iba dirigida, no debÃa comunicarla a nadie… Después de su muerte nos la remitió su familia… ¡Ah! ¡Si yo no hubiera estado lejos en el momento en que mi padre se expatriaba…! ¡No hubiera partido!
Mirabal, muy conmovido, atrajo a sà a Juan y le abrazó afectuosamente. ¿Qué podrÃa hacer para ayudarle? Él se lo preguntaba…
Un hecho destacaba, y era la carta escrita por el coronel De Kermor en San Fernando de Atabapo.
—Y, no obstante —dijo Mirabal—, nada me dicen mis recuerdos. No… Nada, por más que en dicha época yo seguramente estaba en San Fernando.
—Pero ¡cómo es posible —exclamó el joven— que mi padre haya pasado por aquÃ, que haya permanecido algún tiempo y que no dejara huella de su paso…!
Y algunos sollozos se escaparon de su garganta, como si su última esperanza se desvaneciera ante las afirmaciones precisas y desconsoladoras de Mirabal.