El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco —No desespere usted… Juan —exclamó Jacques Helloch (que esta vez no dijo «mi querido Juan»), incapaz también de dominar su emoción—. Seguramente el coronel De Kermor pudo venir a San Fernando sin que el señor Mirabal tuviera conocimiento de ello…
El anciano levantó la cabeza.
—Otras personas pudieron conocerle —continuó Helloch—. Se lo repito a usted, Juan… No es preciso renunciar…
El sargento Marcial permanecÃa silencioso. Miraba a su sobrino…
ParecÃa decirle de nuevo lo que varias veces antes de su partida:
«¡Verás, pobre niño, como nuestro viaje será inútil!».
—En fin —añadió Mirabal—, como, después de todo, pudiera suceder que yo no hubiera sabido nada de la presencia del coronel De Kermor en este sitio…, haré pesquisas…, me informaré por los habitantes de San Fernando… Yo también creo que no debe desesperarse… Que su padre estuvo en San Fernando, no es dudoso. Pero ¿viajaba con su nombre? ¿HabÃa conservado en el viaje su calidad de coronel?
SÃ… Quedaba aún esta hipótesis, admisible, aunque no se explicara bien por qué el coronel habÃa ocultado su nombre y calidad.