El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco —¿Existen en el Alto Orinoco algunos pueblos donde pueda tomar informes, señor Mirabal?
—¿Pueblos…? Hay varios… Guachapana…, Esmeralda… y otros… Sin embargo, en mi opinión, de ser posible encontrar huellas de su padre, será más allá de las fuentes… En la misión de Santa Juana.
—Ya hemos oÃdo hablar de esa misión —respondió Jacques Helloch—. ¿Es de creación reciente?
—Hace ya algunos años que fue fundada —respondió Mirabal—, y la creo en vÃas de prosperidad.
—¿Es una misión española?
—SÃ, y la dirige un misionero español. El padre Esperante.
—En cuanto nuestros preparativos de viaje estén terminados, partiremos para Santa Juana —dijo el joven.
—Mi querido niño —dijo el anciano—, no debo ocultarle a usted que en el curso del Alto Orinoco los peligros son grandes… Fatigas, privaciones, riesgo de caer en manos de cuadrillas de indios que tienen reputación de feroces…, esos crueles quivas, que actualmente manda un forzado evadido de Cayena…
—Esos peligros los ha corrido mi padre —respondió Juan—. ¡No vacilaré en correrlos yo para encontrarle!