El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco Con esta respuesta terminó la conversación. Mirabal comprendió que nada podía detener al joven. Éste iría hasta el fin, como acababa de decir.
El sargento Marcial, desesperado, siguió a Juan, que fue a pasar el resto del día a la Gallinetta. Cuando Jacques Helloch quedó solo con Mirabal, éste le confirmó los peligros de toda especie a que se vería expuesto el hijo del coronel De Kermor sin más que el viejo soldado por guía.
—Si ejerce usted alguna influencia sobre él, señor Helloch —añadió—, hágale que ceje en ese proyecto, que se apoya en base tan incierta… Impida usted su partida…
—Nada le hará cejar, señor Mirabal —afirmó Jacques Helloch—. Le conozco… ¡Nada!
Jacques Helloch volvió a bordo de la Moriche más preocupado que nunca, y ni aun respondió a las palabras de su compañero.
Sentado en la proa de la piragua, Jacques Helloch miraba a Valdez y a dos de sus hombres, que se ocupaban en preparar la falca para un largo viaje. Convenía descargarla por completo a fin de observar sus fondos y proceder a una completa carena, necesaria por las fatigas del último viaje y el choque contra la playa de San Fernando.