El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco Jacques Helloch observaba también a Juan, que vigilaba aquel trabajo. Tal vez el joven esperaba que Jacques le dirigiera la palabra, que le hiciera alguna observación sobre la temeridad de sus proyectos…, que procurase apartarle de ellos…
Jacques permanecÃa mudo, inmóvil… Abismado en sus reflexiones, parecÃa obsesionado por una idea fija: una de esas ideas que se encierran en un cerebro, que le devoran…
Llegó la noche.
A las ocho, Juan se dispuso a regresar a la posada.
—Buenas noches, Juan —respondió Helloch, levantándose como si tuviera intención de seguir a su joven amigo.
Caminaba Juan sin volver la cabeza, y desapareció entre las cabañas, a cien pasos de ellas.
El sargento Marcial habÃa permanecido en la playa, muy agitado ante la idea de un paso que habÃa decidido dar. Decidióse al fin, y volviéndose hacia la Moriche:
—Señor Helloch —murmuró—, desearÃa hablar dos palabras con usted…
Jacques Helloch desembarcó en seguida y se acercó al soldado.
—¿Qué me quiere usted, sargento? —preguntó.
