El soberbio Orinoco

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El señor De Kermor, oficial distinguido, debió a su bravura, a su inteligencia y a sus cualidades especiales rápidos y brillantes ascensos. A los cuarenta y un años era coronel. El soldado, cabo después, y después sargento Marcial, profesaba gran afecto y admiración al oficial que le salvó la vida en el campo de batalla de Solferino. Ambos participaron después en la funesta y heroica campaña contra los prusianos.

Dos o tres semanas antes de la declaración de esta guerra en 1870, asuntos de familia habían obligado a la señora De Kermor a partir para la Martinica. Allí nació Juana. En medio de los violentos disgustos que le enervaban, el coronel experimentó gran alegría por el nacimiento de su hija. A no retenerle su deber, hubiérase reunido con su mujer e hija en las Antillas y las hubiera llevado a Francia.

En estas condiciones la señora De Kermor no quiso esperar que el fin de la guerra permitiera a su esposo ir a buscarla. Deseaba encontrarse a su lado, y en el mes de mayo de 1871, embarcó en San Pedro de la Martinica en un paquebote inglés, el Norton, con destino a Liverpool.

La señora De Kermor iba acompañada de una criolla, el ama de su hija, entonces ésta de algunos meses. Su intención era conservar aquella mujer a su servicio cuando regresase a Nantes, donde vivía antes de su partida.


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