El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco De allí se efectuó el repatriamiento de las personas que habían encontrado refugio a bordo del Vigo. Entre los pasajeros de este navío estaban el señor y la señora Heredia, ricos colonos de La Habana, que quisieron recoger a la pequeña Juana. ¿Carecía ahora de familia esta niña? No se pudo saber. Uno de los dos marineros salvados afirmaba que la madre de la pequeña, una francesa, había embarcado en el Norton, pero que ignoraba su nombre; ¿y cómo saberlo si no había sido inscrita en las oficinas del vapor inglés antes del embarco? Así se hizo constar en la información relativa al abordaje de los dos navíos.
Juana, adoptada por los Heredia, les siguió a La Habana. Allí la educaron, después de haber procurado inútilmente descubrir a qué familia pertenecía. Recibió el nombre de Juana. Muy inteligente, aprovechó la educación que le dieron y aprendió a hablar indistintamente el francés y el español.
Por lo demás, sabía su historia, que no le habían ocultado. Así es que su pensamiento la arrastraba siempre hacia Francia, donde tal vez se encontraba un padre que la lloraba y que no esperaba volverla a ver.