El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco Júzguese de la emoción del viejo soldado cuando aquella niña, a quien se creía víctima de la catástrofe del Norton, franqueó los umbrales de la casa de Chantenay. El sargento no quería creerlo, pero le fue preciso. El rostro de Juana le recordaba las facciones del coronel; sus ojos, su fisonomía, todo lo que se puede transmitir por la sangre de semejanza física y moral. Así es que recibió a la joven como a un ángel que su coronel le enviase desde lo alto…
Pero en aquella época Marcial había ya abandonado toda esperanza de saber en qué país el coronel De Kermor había ido a hundir su triste existencia.