El soberbio Orinoco

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Pero ¿a quién dirigirse para recibir alguna noticia del ausente? ¿No había el sargento Marcial intentado todos los medios, sin conseguir nada? ¡Y pensar que el coronel De Kermor se había expatriado por creerse solo en el mundo…! ¡Ah! ¡Si supiera que su hija, salvada del naufragio, le esperaba en la casa paterna…!

Transcurrieron varios años… Ningún rayo de luz aclaraba aquellas tinieblas… Y sin duda el más impenetrable misterio hubiera continuado envolviendo al coronel De Kermor a no ocurrir un suceso inesperado.

No se habrá olvidado que en 1879 había llegado a Nantes una carta firmada por el coronel, carta que venía de San Fernando de Atabapo, en Venezuela, América del Sur. Dirigida al notario de la familia De Kermor, se refería a un asunto personal y se recomendaba el más absoluto silencio sobre la existencia de esta carta. Falleció el notario cuando Juana se encontraba aún en la isla de Martinica y nadie sabía que fuese la hija del coronel.

Siete años después fue hallada la carta entre los papeles del notario. Entonces los herederos de éste, que conocían la historia de Juana de Kermor, su instalación junto al sargento Marcial y las tentativas practicadas para procurarse documentos relativos al coronel, se apresuraron a comunicarle el hallazgo de la carta.


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