El soberbio Orinoco

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—No lo duden ustedes —respondió Manuel—, y les tratará a ustedes como si fueran compatriotas suyos. Es la acogida que reservaba al señor Chaffanjon, si éste hubiera llegado hasta Santa Juana.

—¡Y tal vez nos ponga sobre las huellas de mi padre! —añadió Juan.

Por la tarde, los huéspedes del delegado visitaron el rancho; sus campos, bien cultivados; sus plantaciones, admirablemente conservadas; sus bosques, donde el hijo de Manuel combatía incesantemente a los monos; sus praderas, donde pacían los rebaños.

Se estaba en la época de la recolección del caucho, recolección prematura aquel año. Por regla general no empieza hasta noviembre, para continuar hasta fines de marzo.

Manuel dijo:

—Si esto les interesara a ustedes, mañana les mostraré cómo se procede a esta recolección.

—Aceptamos con mucho gusto —respondió Germán Paterne—, y yo sacaré buen provecho de ello.

—A condición de levantarse al alba —observó Manuel—. Desde el amanecer se ponen mis gomeros a la tarea.

—No los haremos esperar, esté usted seguro —respondió Germán Paterne—, ¿no es cierto, Jacques?

—Estaré dispuesto a esa hora —prometió éste—. ¿Y usted, mi querido Juan?


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