El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco —No faltaré —respondió Juan—, y si mi tÃo duerme aún…
—¡Tú me despertarás, sobrino, tú me despertarás! Cuento con ello —respondió el sargento Marcial—. Puesto que hemos venido al paÃs del caucho, sepamos al menos cómo se hace…
—¡La goma elástica, sargento, la goma elástica! —exclamó Germán.
Y regresaron a la casa después de un paseo que habÃa durado toda la tarde. La comida reunió a los huéspedes del delegado a la misma mesa.
La conversación recayó principalmente sobre el viaje y los incidentes ocurridos desde la partida de Caicara, la invasión de las tortugas y el chubasco que habÃa comprometido las piraguas y las vidas de los pasajeros.
—En efecto —afirmó Manuel—. Esos chubascos son terribles, y el Alto Orinoco no está libre de ellos. Respecto a las invasiones de tortugas, no hay que temerlas en nuestros territorios, que no ofrecen playas propias para esos animales…
—¡No hablemos mal de ellos! —añadió Germán Paterne—. Un sancocho de tortuga bien hecho es excelente. Con esos bichos y los asados de monos, ¿quién lo creerá?, se está seguro de hacer una buena comida, remontando vuestro rÃo…