El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco —Exacto —dijo el delegado—. Pero, volviendo a los chubascos, desconfÃen ustedes de ellos. Son tan repentinos, y tan violentos más arriba como más abajo de San Fernando…, y no hay que darle al señor Helloch ocasión para que le salve a usted otra vez, Juan…
—¡Está bien, está bien! —gruñó el sargento Marcial, al que no le agradaba este asunto—. Tendremos cuidado con los chubascos… Se tendrá cuidado, señor delegado.
Germán Paterne dijo entonces:
—¿Y nuestros compañeros, de los que no hablamos al señor Manuel? ¿Es que les hemos olvidado ya?
—Es verdad —añadió Juan—. Esos excelentes señores Miguel, Felipe y Varinas…
—¿Quiénes son esos señores? —preguntó Manuel.
—Tres venezolanos, con los que hemos hecho el viaje de Ciudad-BolÃvar a San Fernando.
—¿Viajeros? —preguntó Manuel.
—Y también sabios —declaró Germán Paterne.
—¿Y qué saben esos sabios?
—Mejor harÃa usted en preguntar qué es lo que no saben —dijo Jacques.
—Bien, ¿qué es lo que no saben?
—No saben si el rÃo que riega este rancho es el Orinoco.