El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco Nada más chistoso que Manuel hablando con esta seguridad y profiriendo tan terribles amenazas. Aparte toda exageración, hubiera defendido a su río hasta la última gota.
A las diez de la noche, Jacques Helloch y su compañero se despidieron de la familia de Asunción, del sargento y de su sobrino, y regresaron a su piragua.
Fuese involuntariamente, o por efecto de un presentimiento, Jacques pensó en Jorrés. No había que dudar que el español conocía al padre Esperante, hubiérale encontrado en Caracas o en otra parte, puesto que le había pintado tal como Manuel acababa de hacerlo.
No se podía acusar a Jorrés de haber inventado un supuesto encuentro con el misionero con objeto de imponerse a los pasajeros de las piraguas, que se dirigían a Santa Juana.
Sin embargo, de otra parte quedaba la afirmación del indio bare, pretendiendo que Jorrés había ya debido remontar el Orinoco, al menos hasta el rancho de Carida. A pesar de la negativa del español, el indio había sostenido su afirmación. No es tan grande el número de extranjeros que recorren los territorios de Venezuela meridional para que se pueda cometer error en ninguno de ellos. Si se tratase de un indígena, este error hubiera sido admisible.
¿Podía serlo, tratándose de un español tan fácilmente reconocible?