El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco Así, pues, si Jorrés había ido a Carida y, en consecuencia, a los lugares situados más arriba o más abajo de este punto, ¿por qué lo negaba? ¿Qué motivos tenía para ocultarlo? ¿Acaso esto hubiera podido influir en el espíritu de aquéllos a quienes acompañaba a la misión de Santa Juana?
Después de todo, tal vez el bare se equivocaba. Entre uno que dice: «Le he visto a usted aquí», y otro que responde: «No ha podido usted verme, porque nunca he venido», si hay error, no puede, evidentemente, provenir del segundo.
Y, sin embargo, este incidente no dejaba de preocupar a Jacques Helloch, y no por lo que a él directamente se refería; pero todo lo que concernía al viaje de la hija del coronel De Kermor, todo lo que pudiera retrasar o comprometer el resultado, le inquietaba en alto grado.
Aquella noche, hasta muy tarde, no le fue posible conciliar el sueño; y al siguiente día fue preciso que Germán Paterne le sacase del lecho, dándole una amistosa palmada, en el momento en que el sol aparecía en el horizonte.