El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco Mientras los marineros y los peones tomaban las disposiciones convenientes para echar al agua la Gallinetta, Manuel Asunción, sus hijos y los pasajeros de las piraguas se paseaban por la playa.
Entre los trabajadores, el delegado distinguió a Jorrés, tan distinto en el tipo a sus compañeros.
—¿Quién es ese hombre? —preguntó.
—Uno de los barqueros embarcados en la Gallinetta —respondió Jacques Helloch.
—No es indio…
—No. Es español.
—¿Dónde le han reclutado?
—En San Fernando.
—Y ¿desempeña el oficio de marinero del Orinoco?
—No. Pero nos hacía falta un hombre, y ese español, que tenía el propósito de ir a Santa Juana, se ha ofrecido y el patrón Valdez ha aceptado sus servicios.
Había Jorrés notado que se hablaba de él, y mientras se ocupaba en la maniobra prestaba oído.
Jacques Helloch hizo al delegado la siguiente pregunta, que naturalmente vino a su mente:
—¿Acaso conoce usted a ese hombre?
—No —respondió Manuel—. ¿Estuvo antes en el Alto Orinoco?