El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco —Los que trae la presencia de los indios a lo largo de esas riberas.
—Señor Manuel —dijo entonces Juan—, ¿se refiere usted a los guaharibos?
—No, hijo mÃo —respondió el delegado sonriendo—; pues esos indios son inofensivos. Bien sé que en otra época pasaban por peligrosos. Y precisamente en 1879, en la época en que el coronel De Kermor subirla hacia el nacimiento del Orinoco, se les atribuÃa la destrucción de varios pueblos y la muerte de los habitantes de éstos.
—¡Mi padre habrá tenido que defenderse de los ataques de esos guaharibos…! —exclamó Juan—. ¿Habrá, pues, caÃdo en sus manos?
—¡No…! ¡No…! —se apresuró a responder Jacques Helloch—. El señor Manuel no ha oÃdo decir nunca…
—¡Nunca, señor Helloch…! ¡Nunca, hijo mÃo…! Y lo repito. Su padre de usted no ha podido ser vÃctima de esas tribus indias, porque desde hace quince años no merecen tan mala reputación…
—¿Ha tenido usted relaciones con ellos, señor Manuel? —preguntó Germán Paterne.