El soberbio Orinoco

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El campamento fue prontamente organizado bajo la dirección de los dos patronos. Aunque no faltaban las reservas de carne salada, conservas y harina de yuca, se decidió guardar estas provisiones para el viaje, a fin de no ir desprovistos de ellas. Valdez y dos de sus hombres cargarían con los sacos. A ellos se añadirían algunos indios, si es que se encontraban en los contornos, y por algunas piastras desempeñarían con gusto el oficio de portadores y guías.

La caza debía suministrar más que lo necesario a Jacques Helloch y a sus compañeros de viaje, como también a los marineros que quedaban en el campamento del pico Maunoir. Ya se ha dicho que en aquellos sitios la alimentación no debe ser motivo de preocupación. Desde la entrada misma del bosque veíanse volar ánades, guacos y pavas; saltar a los monos de un árbol a otro, correr a los pecaríes, y en las aguas del río Torrida hormiguear millares de peces.

Durante el almuerzo, Jacques Helloch dio a conocer la resolución que había tomado, de acuerdo con Valdez. Ambos irían, en un radio de un kilómetro, en busca de algunos de los indios guaharibos, que tal vez frecuentaban los llanos del Alto Orinoco.

—Tendría gusto en acompañar a ustedes —dijo Juan.


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