El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco Así, pues, el uno con su carabina al hombro y el otro con su hacha en el cinto, abandonaron a sus compañeros, y, torciendo al Nordeste, desaparecieron bajo los primeros árboles.
Eran las nueve de la mañana. El sol inundaba el bosque de rayos de fuego. Afortunadamente la vegetación era compacta.
En la región del Orinoco superior, si las montañas no están cubiertas de árboles hasta su cúspide, como lo están las del curso medio, los bosques se muestran ricos en arbustos variados, producto de un suelo virgen.

El bosque de la sierra Parima parecía estar desierto. Sin embargo, por algunas señales observadas por él, —hierbas pisadas, ramas rotas, huellas aún recientes—, Valdez pudo, desde el principio, afirmar la presencia de los indios en la ribera derecha del río.
Es de notar que aquellos macizos de árboles estaban formados generalmente de plantas de fácil explotación hasta para los indígenas. Aquí y allá palmeras de diversas especies, no nuevas para los viajeros que habían remontado el río desde Ciudad-Bolívar hasta el pico Maunoir, bananos, calabaceras, chaparros, cobijas y marinas, cuya corteza sirve para fabricar los sacos indígenas.