El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco Había hablado con Valdez de este asunto, y en su opinión los buenos auspicios eran más que los malos. Encontrarse con la cuadrilla de Alfaniz hubiera sido la más temible eventualidad en las jornadas a través de los bosques de la sierra Parima. Pero, según la afirmación del joven Gomo, y por lo que su padre había respondido a Jorrés, la tal cuadrilla no se había mostrado en los alrededores de la sierra. Verdad que, yendo más hacia el Norte, el español esperaba evidentemente unirse a aquel Alfaniz, del que tal vez había sido compañero de presidio. En fin, si los quivas no estaban lejos, tampoco lo estaba la misión irnos cincuenta kilómetros solamente, y a razón de veinticinco kilómetros por día, los peatones podrían probablemente recorrer la distancia en dos días y medio. Habiendo partido el 30 de octubre al amanecer, ¿era exagerado pensar que llegarían a Santa Juana en la tarde del primero de noviembre? No, si el mal tiempo no originaba algún retraso.
Así, pues, los viajeros esperaban, si la suerte les favorecía un poco, efectuar su viaje sin ningún encuentro fastidioso.