El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco Hablaban de la misión de Santa Juana. Gomo daba detalles muy completos acerca de la fundación del padre Esperante y sobre el padre mismo. Todo lo que al misionero se referÃa era muy interesante.
—¿Tú le conoces? —preguntó Juan.
—SÃ. Le conozco… Le he visto con frecuencia. Durante un año mi padre y yo vivimos en Santa Juana.
—¿Hace mucho?
—No. Antes de la estación de las lluvias del pasado año. Después de la desgracia de nuestro pueblo de San Salvador, saqueado por los quivas…, otros indios y nosotros huimos a la misión.
—¿Y fuisteis recogidos en Santa Juana por el padre Esperante?
—SÃ. ¡Un hombre muy bueno! Él querÃa que nos quedáramos. Algunos se han quedado.
—¿Y por qué partisteis vosotros?
—Mi padre lo quiso… Somos banivas… Deseaba volver a los territorios… HabÃa sido barquero en el rÃo… Yo sabÃa algo del oficio. Me servÃa de una pequeña pagaya… A los cuatro años, yo remaba con ella.