El soberbio Orinoco

El soberbio Orinoco

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Aunque el sargento Marcial reclamase su parte de guardia, tuvo que consentir en descansar hasta el día. A la siguiente noche se aceptaría su ofrecimiento, como también el de Germán Paterne. Jacques Helloch y Valdez bastarían, relevándose. Así, pues, el sargento fue a recostarse contra la pared, tan cerca de la joven como era posible.

El concierto de las fieras, al que se mezclaba el de los monos chillones, comenzó desde el oscurecer, y no debía terminar hasta las primeras luces del alba.

La mejor precaución para mantener a estos animales a distancia del campamento, hubiera sido encender lumbre y sostenerla toda la noche con leña seca. Pero si este fuego hubiera tenido alejados a los animales, podría atraer a los malhechores, quizás a los quivas, si andaban por las cercanías, y lo más importante era no ser vistos por ellos.

Bien pronto, a excepción de Valdez, apostado en la ribera, y del barquero, que cerca de él vigilaba, todos dormían.

Hacia la medianoche ambos fueron relevados por Jacques Helloch y el otro de los barqueros.

Valdez no había visto ni oído nada sospechoso. Oír, hubiera sido difícil en medio del tumulto de las aguas del río, chocando contra las rocas de la sierra.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker