El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco Pero con la luz creciente, el español —admitiendo que Valdez no se hubiera equivocado— iba a poder reconocer que solamente dos barqueros acompañaban a los pasajeros de las piraguas y advertir la inferioridad de éstos.
¿Cómo continuar el viaje en condiciones de seguridad tan insuficientes?
Se les había descubierto. Se les había espiado. Jorrés acababa de encontrar a Jacques Helloch y a sus compañeros en camino para la misión de Santa Juana. Ahora no perdería sus huellas. Circunstancias de extraordinaria gravedad; y, lo que era aún más grave, el español se había, ciertamente, unido a la cuadrilla de quivas que recorría aquellos contornos a las órdenes del presidiario Alfaniz.