El soberbio Orinoco

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En efecto; si Alfaniz ocupaba los alrededores; si Jacques Helloch y los suyos debían ser atacados, el ataque se efectuaría lo mismo durante una marcha hacia adelante que durante una marcha hacia atrás. Verdad es que volviendo al Orinoco se estaría a cubierto por el río Torrida, a menos que no fuese franqueable más arriba. En este caso nada impediría a los quivas descender hasta el campamento del pico Maunoir, y no bastaría el esfuerzo del personal de las piraguas para rechazar la agresión.

Por el contrario, marchar hacia Santa Juana presentaba algunas ventajas. En primer lugar, se conservaría la protección del río Torrida mientras no fuera vadeable, y ya se informarían por Gomo de esto. Además, se aproximarían a su objeto, y nada había que temer en Santa Juana con su población, que contaba varios centenares de guaharibos, convertidos en hombres gracias a la abnegación de un misionero. Santa Juana ofrecía refugio seguro contra toda tentativa de Alfaniz.

Era preciso, pues, a costa de lo que fuera, llegar a la misión en el plazo más breve posible, esforzarse en estar en ella antes de la noche próxima, haciendo jornadas dobles. ¿No se podían andar de veinticuatro a treinta kilómetros en veinte horas?

Jacques Helloch volvió al campamento a fin de disponer la inmediata partida.


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