El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco Jacques Helloch paseó su dedo sobre el mapa, dirigiéndole hacia el Nordeste, después de haber rodeado la base de sierra Parima en un espacio de cincuenta kilómetros.
En este punto hizo una cruz con lápiz, y dijo:
—Aquà debe de estar la misión, ¿verdad?
—SÃ…; aquÃ…
—Y el rÃo Torrida baja por aquÃ…
—SÃ… Como está marcado.
—¿Pero no desciende de más arriba?
—De más arriba, ciertamente…, y algunas veces lo hemos remontado más allá…
—Santa Juana se encuentra entonces en la ribera izquierda…
—Tendremos, pues, que atravesarlo, puesto que estamos en la ribera derecha.
—Asà será preciso, señor, y es cosa fácil.
—¿Cómo?
—Hay más arriba un paso con rocas donde se puede asentar el pie cuando las aguas están bajas. Un vado llamado el vado de Frascaés.
—¿Conoces ese vado?
—SÃ, señor, y antes del mediodÃa habremos llegado a él.