El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco —¿Cree usted, señor Helloch, que será posible llegar a Santa Juana en diez horas…? —preguntó el sargento Marcial.
—Lo espero… Si hace usted buen uso de sus piernas, que en seguida tendrán tiempo sobrado para descansar.
—Por mà no ha de quedar, señor Helloch. Pero él…, Juan…
—Su sobrino —respondió Germán Paterne— batirá el récord… Se le conoce que ha tenido buena escuela… Usted le ha dado piernas de soldado, y tiene el paso gimnástico…
Hasta entonces Gomo ignoraba el lazo de parentesco —parentesco imaginario— que unÃa al hijo del coronel De Kermor al sargento Marcial.
Asà es que, mirando a este último, preguntó:
—¿Es usted su tÃo…?
—Algo…, pequeño…
—Entonces, ¿el hermano de su padre…?
—Su propio hermano…, y por esto Juan es mi sobrino… ¿Comprendes?
El muchacho inclinó la cabeza en señal de haber comprendido.