El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco Y como Germán Paterne lo ignoraba, no tenÃa más remedio que obedecer… y obedecÃa.
Jacques Helloch quedó un instante pensativo al oÃr la respuesta de Gomo… Aquella tarde podrÃa estar en Santa Juana…
AsÃ, pues, Gomo afirmaba que en seis o siete horas podÃa haber llegado a la misión. ¿No era una probabilidad de que convenÃa aprovecharse?
Mientras caminaba, Jacques Helloch hizo conocer a Valdez la respuesta del muchacho.
—SÃ… Dentro de seis o siete horas —dijo— el padre Esperante podrÃa estar prevenido de que nos dirigÃamos a Santa Juana. No vacilarÃa en enviarnos auxilios… Él mismo vendrÃa, sin duda.
—Es verdad —respondió Valdez—; pero dejar partir a ese niño serÃa privamos de nuestro guÃa… Y creo que, puesto que conoce el paÃs, tenemos necesidad de él.
—Tiene usted razón, Valdez. Gomo nos es necesario, sobre todo para el paso del vado de Frascaés.
—Estaremos allà al mediodÃa, y franqueado que hayamos el paso…, veremos…
—SÃ… Veremos, Valdez… Tal vez el peligro esté en ese vado.