El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco —¿Y dices que ese joven ha venido de Francia con los señores Helloch y Paterne?
—No, padre. Según mi amigo Juan me ha contado, se han encontrado en el camino… En el Orinoco… En Urbana…
—¿Y han llegado a San Fernando?
—SÃ… Y desde allà han continuado juntos hacia la misión.
—Y ¿cuál es el objeto del viaje de ese joven?
—Va en busca de su padre.
—¿Su padre…? ¿Has dicho su padre?
—SÃ… El coronel De Kermor.
—¡El coronel De Kermor! —exclamó el misionero.
Y quien en aquel momento le observara, hubiera visto que a la sorpresa que desde el primer momento manifestó, unÃase ahora emoción extraordinaria. Por enérgico, por dueño de sà que fuese, el padre Esperante, abandonando la mano del niño, iba y venÃa por la sala, vÃctima de una turbación que no podÃa contener.
Al fin, tras supremo esfuerzo de voluntad, se calmó, y, volviendo a sus preguntas, dijo:
—¿Por qué Juan de Kermor viene a Santa Juana?
—Con la esperanza de obtener nuevas noticias que le permitan encontrar a su padre.
—¿No sabe, pues, dónde está?