El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco —No. Hace catorce años que el coronel De Kermor abandonó Francia por Venezuela, y su hijo no sabe dónde está.
—¡Su hijo…! ¡Su hijo! —murmuró el misionero, pasándose la mano por la frente como si quisiera reavivar sus recuerdos.
Luego, dirigiéndose a Gomo, dijo:
—¿Y ha partido solo…, solo para tal viaje?
—No.
—¿Quién le acompaña?
—Un viejo soldado.
—¿Un viejo soldado?
—SÃ… El sargento Marcial.
—¡El sargento Marcial! —repitió el padre Esperante.
Y esta vez, a no sujetarle el hermano Angelos, hubiera caÃdo como herido por un rayo sobre el suelo de la habitación.