El soberbio Orinoco

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Otros dos indios abandonaron la misión con la orden de observar la sabana por la parte de las fuentes del Orinoco, pues era fácil que Alfaniz hubiera bajado directamente hacia el río.

Al amanecer, estos dos indios regresaron a Santa Juana, después de haber desarrollado sus pesquisas en una extensión de veinticinco kilómetros.

No habían visto a los quivas, pero, al menos, sabían por algunos indios bravos, encontrados en la sabana, que la cuadrilla iba hacia la sierra Parima. Alfaniz intentaba, pues, llegar al nacimiento del Orinoco, con la intención de caer sobre el campamento del pico Maunoir. En la sierra Parima era, pues, preciso sorprenderle, y con la ayuda de Dios se libraría al fin al territorio de aquella cuadrilla de indios y presidiarios.

Aparecía el sol cuando el padre Esperante abandonó la misión.

Su tropa se componía de un centenar de guaharibos, especialmente ejercitados en el manejo de las armas modernas. Estos valientes sabían que marchaban contra los quivas, enemigos suyos de remota fecha, y no sólo para dispersarlos, sino para destruirlos hasta el último de ellos.

Una veintena de estos indios iban a caballo escoltando a algunas carretas que conducían víveres para varios días.


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