El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco ¡HASTA LA VISTA!
El 25 de diciembre, por la mañana, las piraguas estaban dispuestas a descender el curso del río.
En aquella época del año, las crecidas no habían aún elevado el nivel del Orinoco. Había sido, pues, preciso arrastrar a la Gallinetta y a la Moriche a cinco kilómetros más abajo, a la desembocadura de un río de poca importancia de la ribera derecha, donde la profundidad del agua era suficiente. A partir de este sitio, las piraguas no corrían más riesgo que el de encallar durante algunas horas, y no el de permanecer en seco hasta el comienzo de la estación lluviosa.
El padre Esperante quiso acompañar a sus hijos al nuevo campamento. El sargento Marcial, completamente restableció, se unió a él, lo mismo que Gomo, convertido en hijo adoptivo de la misión de Santa Juana.
Unos cincuenta guaharibos formaron la escolta, y todos llegaron felizmente a la desembocadura del río.
Llegada la hora de la partida, Valdez ocupó su sitio en la Gallinetta, donde Jacques y su mujer debían embarcar. Parchal el suyo en la Moriche, cuyo rouf cobijaría, a la vez, las preciosas colecciones de Germán Paterne y la no menos preciosa persona del coleccionista.
