El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco El steam-boat había anclado durante la noche en una de las dos bahías del pueblo de Moitaco. Cuando salió de ella, el coquetón conjunto de las casitas, en otra época centro importante de las misiones españolas, desapareció tras un ángulo de la ribera. En dicho pueblo fue donde Chaffanjon buscó inútilmente la tumba de uno de los compañeros del doctor Crevaux, de Francisco Burban, tumba que no se pudo encontrar en el modesto cementerio de Moitaco.
Durante el día se pasó por la aldea de Santa Cruz, compuesta de una veintena de casas, en la ribera izquierda, y después por la isla Guanarés, en otra época residencia de los misioneros, y que está situada cerca del sitio donde la curva del río se inclina hacia el Sur, para volver luego a tomar la dirección del Oeste. Después se dejó atrás la isla del Muerto.
Fue preciso franquear varios raudales, producidos por la estrechez del río en algunos sitios; pero esto, que ocasiona gran fatiga a los tripulantes de embarcaciones de remos o de velas, no costó más que un aumento de combustible a los generadores del Simón Bolívar. Las válvulas silbaron, sin que fuera menester cargarlas. La rueda agitó más violentamente las aguas con sus grandes palas. En estas condiciones, tres o cuatro de estos raudales pudieron ser remontados sin gran retraso, hasta el Boca del Infierno, que Juan señaló más arriba de la isla de Matapalo.