El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco —¿De modo —preguntó el sargento Marcial— que el librote de ese francés está conforme con todo lo que vemos desfilar ante el Simón BolÃvar?
—Perfectamente conforme, querido tÃo. La única diferencia es que nosotros hacemos en veinticuatro horas un trayecto en el que nuestro querido compatriota empleó tres o cuatro dÃas. Pero cuando cambiemos el barco de vapor por las embarcaciones del Medio Orinoco, tardaremos tanto como él. Pero ¿qué importa? Lo esencial es llegar a San Fernando, donde recogeremos noticias más precisas.
—Seguramente, no es posible que mi coronel haya pasado por allà sin dejar huellas. Acabaremos por saber dónde está. ¡Ah! ¡Cuándo estemos frente a frente! ¡Cuándo tú te arrojes en sus brazos! ¡Cuándo él sepa…!
—¡Que yo soy tu sobrino…, tu sobrino! —respondió el joven, que temÃa siempre que se escapase alguna indiscreta palabra de los labios de su mencionado tÃo.
Al llegar la noche, el Simón BolÃvar ancló al pie del barranco sobre el que está graciosamente inclinado el pequeño pueblo de Mapire.