El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco —¿Y su compañero?
—Mi tÃo… es francés como yo… Un antiguo sargento retirado.
Aunque el sargento Marcial estuviera poco familiarizado con la lengua española, comprendió que se trataba de él. Asà es que enderezó el cuerpo, convencido de que un sargento del 72 de lÃnea valÃa tanto como un general venezolano, aunque fuera gobernador.
—No creo ser indiscreto, mi joven amigo —continuó el último—, preguntándole a usted si piensa prolongar su viaje más allá de Caicara.
—SÃ…, más allá, señor gobernador —respondió Juan.
—¿Por el Orinoco o por el Apure?
—Por el Orinoco.
—¿Hasta San Fernando de Atabapo?
—Hasta ese pueblo, señor gobernador; y tal vez más lejos si los informes que esperamos recoger allà lo exigen.
Al gobernador, lo mismo que a Miguel, no podÃa menos de impresionarle vivamente el tono resuelto de aquel joven y la sencillez de sus respuestas, e inspirábale real simpatÃa.