El soberbio Orinoco

El soberbio Orinoco

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La Maripare y la Gallinetta hubieran estado dispuestas a partir por la tarde, a no tener que buscar provisiones. Los mercaderes de Caicara podían suministrar cuanto exigía una navegación de varias semanas hasta San Fernando, donde las provisiones podrían ser renovadas. Tienen de todo para vender, conservas, vestidos, municiones, utensilios de pesca y de caza, y se prestan con agrado a estas operaciones siempre que se les pague en piastras el precio de sus artículos.

Los viajeros del Orinoco pueden contar con la caza, abundantísima en las riberas, y con la pesca, que pulula en las aguas del río. Miguel era experto cazador; el sargento Marcial manejaba diestramente su carabina, y en manos de Juan de Kermor no quedaría inactivo ni inútil su ligero fusil de caza. Pero no se vive únicamente de la caza y de la pesca. Conviene embarcar té, azúcar, carne seca, conservas de legumbres, harina de cazabe, extraída de la mandioca y que sustituye a la de maíz o a la de trigo, y toneles de aguardiente y tafia. Respecto al combustible, los bosques de las riberas alimentarían los hornillos de las piraguas; y, en fin, contra el frío, o más bien contra la humedad, era fácil proveerse de mantas de lana, que son de venta corriente en todos los pueblos venezolanos.



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