El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco Fue menester consagrar varios dÃas a estas diversas adquisiciones, y no hubo motivo para lamentarse de este retraso. Durante cuarenta y ocho horas el tiempo fue muy malo. Caicara recibió uno de esos golpes de viento a los que los indios dan el nombre de chubascos, y que son de excesiva violencia. Soplaba del Sudoeste, acompañado de lluvias torrenciales, que determinaron considerable crecida en el rÃo.
El sargento Marcial y su sobrino tuvieron un anticipo de las dificultades que presenta la navegación del Orinoco. Las falcas no hubieran podido ni remontar la corriente, aumentada por el crecimiento de las aguas, ni resistir al viento. No habÃa duda que se hubieran visto en la necesidad de volver a Caicara, y tal vez con grandes averÃas.
Miguel, Felipe y Varinas aceptaron filosóficamente el contratiempo. No tenÃan prisa, y les importaba poco que el viaje se prolongase algunas semanas. Por el contrario, el sargento Marcial rabiaba, maldecÃa de la crecida, y juraba en español y en francés contra la borrasca. Preciso fue que Juan interviniera para calmarle.
—No basta con tener valor, mi buen Marcial —le repetÃa—; es preciso hacer provisión de paciencia, pues tendremos que emplear mucha.
—La tendré, Juan; pero ¿por qué, al principio por lo menos, no se muestra más cortés ese maldito Orinoco?