El Testamento de un excéntrico
El Testamento de un excéntrico Añádase a esta larga relación el personal ocupado en los silos de Chicago, que es el primer mercado del mundo para los negocios de cereales; y preciso es añadir también los agentes afectos a los ferrocarriles, que, por veintisiete vías diferentes y con más de mil trescientos trenes, dejan diariamente en la ciudad setenta y cinco mil viajeros, y los de los coches de vapor o eléctricos, vehículos funiculares y otros, que transportan dos millones de personas, y, en fin, la población marinera del vasto puerto, cuyo movimiento comercial ocupa diariamente unos sesenta navíos.
Sería preciso estar ciego para no advertir entre la multitud a los directores, redactores y revisteros de los quinientos periódicos diarios o semanales de la Prensa de Chicago, y preciso fuera estar sordo para no oír los gritos de los bolsistas, bulls o alcistas y bears o bajistas, como si estuvieran anunciando en la Cámara de Comercio o en Wheat Pitt la cotización del trigo. Y en torno de esta muchedumbre se agitaba el personal de los Bancos nacionales o estatales: «Corn Exchange», «Calumet», «Mer chants-Loane Trust and Co.», «Fort Dearbom», «Oakland», «Prairie-State», «American Trust and Savings», «Guarantee of North America», «Dime Savings», «Northern Trust Co.», etc.
