El tio Robinson

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La ubicación de esta gruta era tan propicia, entre el lago y el mar, sobre el límite de esa vasta pradera umbrosa, que Flip resolvió conducir allí ese mismo día a la señora Clifton y a su familia. La idea gustó a los muchachos y los tres se pusieron en ruta para regresar al campamento.

Retomaron la ruta del acantilado, no sin pescar y cazar en el camino. Los muchachos no querían regresar con las manos vacías.

Mientras Robert juntaba los huevos de paloma, Marc renovaba sus provisiones de moluscos. Incluso logró apoderarse de un enorme cangrejo, con la caparazón dentada, con la frente estrecha también dentada, un cangrejo-tortuga que pesaba por lo menos cinco libras[28] y cuyas formidables pinzas evitó hábilmente. Era una pieza importante. Por su lado, Robert había recogido una docena de huevos, luego de haber roto algunos, con tanta vivacidad los atrapaba. Pero había que agradecerle que no los hubiera roto a todos.

A las diez, Flip y sus compañeros estaban de vuelta en el campamento. El humo de la fogata se elevaba ligeramente en el aire. Jack y Belle, encargados de mantener el fuego, desempeñaban cuidadosamente su tarea.


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