El tio Robinson
El tio Robinson La señora Clifton se ocupó de preparar rápidamente el almuerzo, en el que el cangrejo-tortuga fue lo principal. Tuvo que cortarlo en pedazos para poder meterlo en el hervidor; cocinado en agua de mar no tenía nada que envidiar a los bogavantes y a las langostas de los mares europeos.
Flip le comunicó a la señora Clifton su proyecto de desplazamiento y ella estuvo lista para seguirlo. Pero después del almuerzo, el cielo, tan variable durante esos últimos días de marzo, perturbados todavía por los vientos del equinoccio, se cubrió de nubes. La lluvia cayó con violencia. Flip tuvo que renunciar a la mudanza. Las ráfagas, provenientes del noroeste, castigaban el acantilado de lleno y amenazaban con invadir el lecho de musgo debajo del bote. Flip trabajó arduamente para combatir la inundación que los amenazaba. La familia Clifton, mal protegida, sufrió mucho las violencias de la borrasca que duró todo el día y toda la noche. No sin esfuerzos, el hogar pudo ser mantenido en estado de combustión y nunca la necesidad de una vivienda bien cerrada y seca se hizo sentir más imperiosamente.