El tio Robinson

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Capítulo 9

Al día siguiente, el cielo estaba cubierto pero la lluvia había cesado. Flip y la señora Clifton decidieron que la mudanza se haría inmediatamente después de la comida. Después de esa noche de lluvia los dos tenían prisa de ocupar la nueva vivienda.

La señora Clifton lavó a los niños y se ocupó de la comida. Jack y Belle jugaban en la playa y, pese a las recomendaciones de su madre, se arrastraban por la arena con el riesgo de dañar su ropa, tan difícil de reemplazar. Sobre todo Jack, que por su vivacidad equivalía a Robert, le daba nocivos ejemplos de turbulencia a su hermana. Esta cuestión de la ropa preocupaba con razón a la señora Clifton; en esa costa desierta se podían alimentar, calentarse, pero vestirse era en verdad mucho más difícil.

Durante la comida se discutió acerca de la forma que tendría la mudanza. ¿Cómo se trasladarían?

—¿Tiene usted alguna idea, señor Jack? —preguntó el marino al niño, queriendo interesarlo en la conversación.

—¿Yo? —respondió Jack.

—Sí —dijo Flip—. ¿Cómo cree usted que podríamos llegar a nuestra nueva casa?

—Con nuestras piernas, por supuesto —respondió Jack.


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