El tio Robinson
El tio Robinson —A menos —apuntó Robert— que tomemos el ómnibus de la quinta avenida.
Robert aludÃa en broma al sistema de locomoción empleado en las grandes ciudades norteamericanas.
—¡El ómnibus! —repitió Belle mirando a Flip con sus grandes ojos asombrados.
—En lugar de bromear, Robert, harÃas mejor en responder con seriedad a la pregunta que el buen Flip hace seriamente.
—¡Pero es muy simple, mamá —replicó el muchacho ligeramente sonrojado—, nuestros muebles no son demasiado pesados! Yo me encargaré del hervidor. ¡Tomamos el camino del acantilado y llegamos tranquilamente a la gruta!
Y ya el impaciente Robert se levantó, dispuesto a ponerse en camino.
—¡Un momento! —prorrumpió Flip, agarrando al muchacho de la mano.
—¡No tan rápido! ¿Y el fuego?
En efecto, Robert habÃa olvidado por completo ese precioso hogar que habÃa que transportar encendido al otro campamento.
—Y bien, señor Marc ¿no dice usted nada? —preguntó el marino.