El tio Robinson
El tio Robinson —Pienso —dijo Marc después de haber reflexionado—, pienso que podrÃamos emplear sin inconveniente otro medio de transporte. Puesto que tarde o temprano tendremos que llevar el bote a su nuevo puerto, ¿por qué no lo utilizarÃamos para transportarnos?
—¡Bien dicho, señor Marc! —confirmó el marino.
—¡Es una excelente idea la suya; yo no hubiera imaginado nada semejante! Tomaremos el bote, embarcaremos unos buenos haces de leña, colocaremos sobre una capa de cenizas unos tizones encendidos y haremos vela hacia nuestra vivienda en el lago.
—¡Bien! ¡Bien! —gritó Jack, encantado con la oportunidad de dar un paseo por el mar.
—¿Le parece bien mi propuesta, señora Clifton? —dijo Flip.